LA COMUNIDAD JUDÍA EN MARGARITA, VENEZUELA

 

Hablar de las comunidades judías en el Caribe es navegar por la cultura e historia de cada una de ellas. La fecha exacta de su aparición no es clara, no obstante, el siglo XVII es testigo bellas e impresionantes edificaciones arquitectónicas construidas por diferentes comunidades judía-sefarditas ancladas en las islas caribeñas de: Barbados, Surinam, Curazao y Jamaica.

Específicamente en lo que respecta a Venezuela, existen pruebas fehacientes de inquisidores hacia 1715, cuando un judío converso, originario de Cuba, se trasladó a Venezuela en busca de mejoras para él y su familia, llamado Joseph Díaz Pimienta2, fue capturado y enviado a Sevilla donde luego de ser condenado por su lealtad a su religión, los colgaron y quemaron en 1720.

Otras inmigraciones de judíos llegan a esta tierra, entre las que caben mencionar la de 1693, provenientes de Livorno, y la de 1708; ambas llegan a una zona llamada Tucacas.(Véase figura 1)

Pero en 1720, Pedro José Olavarriaga ordena la destrucción de la sinagoga y comienzan de nuevo las persecuciones contra judíos, hecho que produce un nuevo éxodo de los sefarditas.

Y otro grupo de judíos llega de Holanda, en 1658, y se establecen en la rivera de Pomerón y en el Delta del Esequibo (véase figura # 2), y desarrollan una gran actividad económica. Para 1830, como resultado de la recesión económica que sufre Curaçao, la comunidad judía de dicha localidad se traslada, en su mayoría a Coro, región muy cercana a donde llegaron las primeras oleadas de judíos a Venezuela. (Véase primera figura de este artículo). Esta comunidad se asimiló, casi por completo, a la cultura venezolana, dejando de lado sus tradiciones y costumbres judías.

A inicios del siglo XX, una nueva ola de judíos sefardíes llega a Venezuela, procedente del norte de Marruecos. Y, a mediados del siglo XX, a consecuencia del holocausto guiado por Hitler, muchos judíos, de los que sobrevivieron escaparon a varios países que les permitió la entrada, uno de ellos fue Venezuela, el tercer país en el mundo que dijo Sí a los sobrevivientes del genocidio nazi.

Tras esta breve introducción, daremos paso a la comunidad objeto de este artículo. La Comunidad Judía de Margarita:

Margarita (indicada con una flecha, al lado del mapa de Venezuela, puede observar el mapa de esta región) es una de las islas que pertenece al estado Nueva Esparta, uno de los estados que componen el territorio venezolano. Posee una extensión de 1.150 Km2 y su población es de unos 350 mil habitantes. De ellos, aproximadamente, unos 75 pobladores, son judíos. (Véanse figuras # 3 y 4).

Entre los años de 1972 y 1987 llegan alrededor de unas 28 familias hebreas procedentes de: Tánger, Marruecos, España; también arriban dos familias de Caracas y una, de Colombia. Cada una de estas familias llega con el fin de participar en el gran boom económico del que era objeto la Isla producto, primero de la Zona Franca y luego del Puerto Libre.

En su mayoría, un 85% de estas familias son de origen sefardí; el otro 15% azquenazí. Apellidos como: Lancry, Hadida, Chocrón, Belilty, Benguigui, Guidón, Abecasis, Nahón, Rosales, Cohen, Moreno, Bitán, Benchimol, Serfati, Lobl, Kronenfeld y Horovitz conforman la comunidad. De estas cinco, abandonan la isla por el deseo de ofrecer a sus descendientes por un lado, educación judía sólida; y, por el otro, educación universitaria y con ello evitar la asimilación cultural a la cual se está tentado en un medio como este. La mayoría de ellos se dedica al comercio, dos mujeres se dedican a su profesión: una abogada y una profesora universitaria.

Vida Judía


1979-1985

Esta pequeña comunidad es objeto de orgullo y tenacidad. Es una pequeña comunidad azotada por la sed de conocimiento y participación en la tradición de sus ancestros, vive en un desierto de cultura judía. Sin embargo, esto hace que se luche por no convertir a la comunidad en una nave a la deriva en medio del inmenso Caribe.
No hay sinagoga, no hay colegio, no hay rabino; sin embargo existe el deseo de mantener viva las costumbres aprendidas por los adultos en sus hogares y que ahora tratan de transmitir a sus hijos.

Cada víspera de Shabat, era como si la comunidad entera dejara de lado sus problemas, sus preocupaciones y daban la entraba a la Reina, al Shabat. Antes de la puesta del sol, según la tradición, la mujer prendía las velas para anunciar que el sábado llegaba, mientras los niños se alistaban junto con el papá para ir a los rezos que se oficiaban, cada viernes en una casa diferente. El olor del pan trenzado, el aroma de las flores recién compradas, un mantel blanco y el vino invitaban al forastero judío a celebrar la llegada del Shabat.

Aún cuando no teníamos un templo o sinagoga como en las grandes ciudades, los hombres estaban reunidos en un salón de la casa y las mujeres, en otro. Cumpliendo así con uno de los ritos de las comunidades religiosas. El cántico del Lejá Dodi, se escuchaba como si fuera que los ángeles mismos, los entonaban. No se oía comentario alguno, solo rezos. Estos eran oficiados por el mayor de la comunidad el señor Lancry. Su estilo sefardí, ponía un tono alegre a estos rezos. Al terminar, nos reuníamos, hombres y mujeres juntos, alrededor de una mesa grande, para escuchar el kidush (santificación del vino) de parte del dueño de la casa. Luego se realizaba el lavado de las manos y seguidamente la bendición del pan, para luego dar inicio a la comida festiva. Cada viernes era motivo de alegría y celebración. Cada víspera de Shabat, nos reuníamos en una casa diferente y degustábamos variados platillos; sean de origen: marroquí, tangerino, español, israelí, y alguno que otro asquenazí.

Un par de años después, las reuniones se realizaban sólo en casa del Señor Jóse Lancry; pero esta vez, el oficio seguido de la bendición del vino era lo que compartíamos, luego cada familia se iba a su respectiva casa y continuaba con la celebración del Shabat. Esto trajo como consecuencia que en ocasiones fuera difícil reunir un minián (una congregación de diez hombres mayores de trece años), y por ella nos viéramos obligados a suspender el rezo.

Hacia 1983, se realizó la primera boda judía, en esta Isla caribeña: Margarita. La jupá fue un enorme talit sujetado por cuatro hombres, de los más altos de la comunidad. Se sentía la presencia Divina, la shejiná, durante todo el acto de Kidushim (el matrimonio). Todos estábamos como hipnotizados ante tal magno acontecimiento. Si estuviéramos en la capital, sería una boda más, y los comentarios estarían a flor de piel y carentes de matiz espiritual. El rabino que realizó a boda fue el padre de la novia. La novia venía de Israel y decidió formar su hogar en este pedazo de tierra anclado en el mar Caribe. Durante este periodo también se realizaron varios Britot Milá (circuncisiones). Para ello fue necesario traer a un mohel (quien posee el permiso para circuncidar).

Educación Judía

La enseñanza judía estaba a cargo de la autora del presente artículo. Nueve niños, de edades comprendidas entre 6 y 10 años se reunían dos veces por semana a aprender las primeras letras de la lengua sagrada: el hebreo. Junto a estas lecciones, también conocían sobre la historia, cultura y tradiciones del pueblo de Israel, al cual ellos pertenecían también. No sólo los padres estaban deseosos de que sus hijos se iniciaran en el aprendizaje del judaísmo y todo lo que ello implicara, sino también los mismos niños. Era impresionante cómo venían a estudiar, después de en una jornada de 8 horas de educación formal en un colegio de la región.

El ciclo de enseñanza y de aprendizaje consistía en familiarizarse con los rezos matutinos, lectura y escritura en hebreo, canciones, costumbres y tradiciones que los identificaban como judíos. Cada fiesta hebrea era motivo de preparación donde se representaba algún aspecto de la misma. Así pues, los niños (hoy, algunos padres de familia) se esmeraban por mostrarles a sus padres lo que habían aprendido. La primera fiesta celebrada fue la fiesta de la entrega de la Torá y de las primicias. Itzik, el mayor de todos representó a Moisés, los demás: Vanesa, Vanesa, Dani y Meni recitaban pequeñas frases alusivas al tema. Dudi, traducía al castellano y narraba los hechos. Otra fiesta que emocionó muchísimo a los padres fue cuando presentamos Yom Haatzmaut (Día de la Independencia). Los niños habían aprendido el Hatikva (el himno nacional de Israel) y cuando lo entonaron, los padres los acompañaron, mientras una que otra lágrima corría por la mejilla de algún que otro padre.

La emoción que se vivía era inmensa, se había ganado la batalla: los niños descubrieron qué era ser judío y qué importancia tenía mantener viva la tradición, en un lugar donde la presencia judía había sido ignorada por otros judíos de las grandes ciudades del territorio venezolano.

Habíamos creado un grupo al que llamamos: Shajar (amanecer). Nos reuníamos los sábados por la tarde a jugar, comer pizza y pasar un rato divertido. Uno que otro domingo nos reuníamos para ir a la playa.

Llegó el primer Bar Mitzvah y a éste le sucedieron otros. Esta ocasión representaba por una parte, mucha alegría, pero por la otra, simbolizaba el adiós a las clases de hebreo. Los varones querían aprender para celebrar su mayoría de edad, desde el punto de vista religioso. Era indescriptible la emoción que se experimentaba, al escuchar de cada uno de ellos palabras en hebreo que brotaban de sus labios. Era como una bendición y agradecimiento a D-s el que nos diera la oportunidad de disfrutar de esta ocasión tan memorable.

De esta manera, las clases de hebreo fueron menguando, unos se fueron a la gran ciudad, otros tenían otros intereses; ellas ya en el bachillerato, pensaban en la Universidad y en vida social.

1985-1987

Son pocas las personas que asisten a los servicios religiosos. Tampoco están interesados en clases para sus niños, porque ya el primer grupo de niños creció y el segundo es de edades muy pequeñas. Parece que hubo un mar de leva y la emoción de las clases así como la de participar en actos de la comunidad despareció. No hay rabino, no hay maestra, solo comercios y más comercios.

1888

Hacia mayo de 1988 se coloca la primera piedra para la construcción de la sinagoga. El terreno fue donado por el presidente de la comunidad Samuel Guidón, y luego de tantas discusiones finalmente se diseña la sinagoga que llevará por nombre Or Meir, en honor a unos de los Sabios dentro de la religión judía Rabí Meir Ba’al Hanés. La construcción tarda más o menos un año. Luego de terminada, se contratan los servicios del primer rabino oficial de la comunidad. Fue traído de Israel. Vino con su esposa y sirvió alrededor de unos 8 meses, tuvo que suspender su labor por motivos de salud. Fue un rabino muy querido por todos nosotros: niños, mujeres y hombres le respetaban por igual. Se ganó, junto su esposa, el respeto e la comunidad. A él le sucedieron otros tantos. Había un problema: es muy difícil ser rabino en un lugar donde no hay comodidades para comprar comida Kasher, tampoco había ambiente judío. Estos eran los dos motivos, principales, que se traducían en la justificación que ofrecían los rabinos cuando no se quedaban.

Hoy

La comunidad judía de Margarita cuenta con una sinagoga3 hermosa, descrita dentro del rango ortodoxo. Innumerables discusiones, enemistades y momentos desagradables rodearon la construcción de la sinagoga. Sin embargo, nada de esto impidió que en aquella época siguiéramos juntos y luchando por sobrevivir a las tempestades marinas y mantener la religión de nuestros antepasados para no permanecer como una “nave a la deriva”. Hoy en día, sin rabino, o alguien que guíe a la comunidad, se está a punto de naufragar. Sólo se reúnen en vísperas del Shabat o en las fiestas como Rosh Hazaña, Kippur, Sukot y Pesaj. Pienso que si cada uno de nosotros pusiera algo de su parte, como aquellos pioneros que llegamos hace treinta años y decidieron sembrar raíces aquí, y hacer historia, lo que ahora forman la comunidad pueden hacer lo mismo. En nosotros está el no dejar morir la labor iniciada. La responsabilidad está en cada uno de nosotros y de los que conforma la comunidad judía de Margarita. Nos gusta que nos visiten. Estamos orgullosos de tener un hermoso edificio que funciona como sinagoga, y además tiene un enorme salón de fiestas. No permitamos que todo esto se convierta en un museo de exhibiciones. Démosle vida, no prmitamos que el salitre erosione nuestra cultura y memoria.

Rifka Cook

Para mayor información
puede escribirme a :
rifka18@northwestern.edu


1 Ponencia presentada en el Congreso del Caribe, Nassau, Bahamas. 2002.
2 Citado por Jacob Carciente en Sinagogues in Venezuela and the Caribbean. Past & Present.
3 Foto extraída del libro Sinagogues in Venezuela and the Caribbean. Past & Present


 

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