RECOMENDACIONES ALIMENTARIAS DE ISAAC ABOAB

Los alimentos, además de saciar nuestro apetito, proporcionan al organismo las sustancias que necesita para su funcionamiento. De ahí que los desajustes nutricionales hayan sido una cuestión que ha preocupado a la humanidad en todas las etapas de su historia. Los textos, además de otras fuentes de información, han servido a los investigadores para averiguar las peculiaridades de cada sociedad, puesto que los escritores fueron reflejando en sus obras las cuestiones que más preocupaban a sus correligionarios. Las importantes e ilustrativas recomendaciones dietéticas, que traducimos del hebreo y extraemos del capítulo 316 del tratado de moral Menorat hamaor (‘Almenara de la luz’), del rabino toledano Isaac Aboab son buena muestra de ello. A lo largo del mencionado capítulo descubrimos cuáles eran las enfermedades más comunes en la Sefarad medieval (corazón, vista, estreñimiento, almorranas, dolor de cabeza, etc.), los alimentos que eran convenientes y los que eran perjudiciales para las mismas y el orden de los alimentos en las comidas, por poner sólo unos ejemplos. Algunos de estos consejos permanecen hoy en la sabiduría popular de la España actual como es el uso de la miel contra el estreñimiento, andar o trabajar antes de comer; otros, como la recomendación de no dormir después de comer, no se han conservado.

He aquí algunas de las indicaciones que nos hace Isaac Aboab:

El guisado de acelgas es bueno para el corazón y para los ojos y, muy beneficioso, para los intestinos; pero debe estar muy cocido y rehecho [316.1]1.

Después de toda comida es bueno comer sal y después de toda bebida beber agua [316.2].

El que acostumbra a comer lentejas cada treinta días se cuida de padecer estreñimiento; pero si come todos los días, tendrá olor de boca [316.2].

El que acostumbra a comer mostaza cada treinta días se cuida de enfermedades; pero no debe comer todos los días porque se le debilita el corazón. [316.3].

El que acostumbra a comer peces pequeños no tendrá enfermedad intestinal [316.3]; pero deben estar bien hechos [316.6].

Mejor es un huevo refidán [‘pasado por agua’]  más que sesenta medidas de sémola, más que seis huevos jaminados [‘cocidos en el jamín’] y más que cuatro huevos cocidos [‘duros’]  [316.4].

Hay verdura cocida que mantiene como el tronco de las coles. [316.5]

Comer melisa es bueno para los dientes; pero hace daño a los intestinos. Por el contrario, los puerros son perjudiciales para los dientes y beneficiosos para los intestinos [316.5].

Comer verdura cruda amarillea la cara [316.5].

Todo lo que es chico, es decir, que aún no creció lo necesario, debilita a la persona [316.5].

Hay seis cosas que curan al enfermo, que son: coles, acelgas, agua de malvas, miel, el cuajar y la matriz del animal [316.5].

Los nabos hacen daño a la barriga; pero, si son guisados con carne o vino, no hacen daño [316.5].

Beber un vaso de vino con especias en ayunas es muy beneficioso para el corazón, para los ojos y, muy bueno, para los intestinos [316.7].

Hay tres cosas que lo mucho es perjudicial y lo poco es bueno, que son: levadura, sal y porfía [316.8].

Hay tres cosas que muchiguan las heces y disminuyen la visión, que son: pan de salvado, vino mosto y verduras. El vino mosto es el que sobre él no han pasado aún cuarenta días; las verduras, como el puerro, las cebollas, las lechugas y semejantes, si come mucho y sin control. Sin embargo, comer ajos es bueno [316.9].

Tres cosas reducen las heces y aumentan la vista, que son: pan blanco de sémola, carne gorda de cabrito, que aún no parió, y vino viejo de tres años [316.9].

Hay cosas que son beneficiosas para una cosa y hacen daño a otra, excepto el gengibre fresco, la pimienta larga, la carne gorda, el pan blanco y el vino viejo que son buenas para todo el cuerpo [316.9].

Ocho virtudes tiene el ajo para la persona: le harta, le calienta el cuerpo, le ilumina su cara, le muchigua su semen, le mata los gusanos de la barriga, le alegra el corazón, le entra amor y le aparta de la envidia [316.10].

Hay cosas que hacen aparecer almorranas como: comer hojas de cañas y de parras, pámpanos de parra, carne sin sal, espinas de pescado, pescado salado sin curar, pescado llamado mújol, beber sedimentos del vino y beber del vaso de la salmuera del pescado [316.11].

Hay cosas que quien las haga le dolerá la cabeza: comer ajo, cebollas y huevos mondados y beber líquidos templados de una vasija de metal sobre los que pasó la noche [316.12].

Hay cosas peligrosas para las preñadas y las amamantadoras porque cortan la leche, como son: pámpanos de zarzamora, hierbas de la simiente del trigo, pescado pequeño, greda, planta de aro, membrillos verdes, dátiles pequeños sin madurar y la salmuera del pescado. Preñada que come mostaza serán sus hijos tragones y la que come puerro serán sus nietos lagañosos [316.13].

Hay cosas que hacen tornar a la enfermedad, como son: comer carne de buey, carne gorda y león, carne asada, carne de pájaros, huevo asado, hígado, leche, queso, pepinos grandes y nueces [316.14].

Isaac Aboab toma las recomendaciones que acabamos de exponer de fuentes talmúdicas, pero también se basa en el cordobés Maimónides para indicarnos que en su obra Mišné Torá en «halajot de`ot» hay otras cuestiones sobre la salud, que son:

No coma el hombre nada más que cuando esté hambriento y no beba sino siendo sediento.

No coma mucho, hasta que se hinche su barriga, sino que reduzca un cuarto su hartura.

Beba agua en medio de la comida y se temple con vino.

Camine un poco antes de comer para que empiece su cuerpo a calentarse o realice algún trabajo para que se enfríe.

Es bueno lavarse con agua caliente después de cansarse, beber un poco y después comer.

Siempre que coma, esté sentado.

No duerma después de comer sino que espere tres o cuatro horas; no duerma durante el día.

Coma cosas que aflojen los tripas, que son: uvas, higos, moras, peras, melones y sandías. Coma las frutas antes de yantar, después se detendrá un poco y, luego, yantará.

Hay frutas que endurecen las tripas, que son: granadas, membrillos y manzanas. Éstas las tomará después de la comida, pero no comerá mucho de ellas.

Si quiere comer carne de aves y carne de cuadrúpedo, al principio comerá las aves, y si tiene huevos los comerá aún antes; y la carne de ganado menor, que es de carneros y cabras, la comerá antes que la de ganado mayor, que son vacas y bueyes. Siempre coma lo más ligero al principio.

En verano, consumirá comidas frías; no coma muchas especias, pero sí tomará vinagre. En invierno, consumirá cosas calientes, muchas especias y un poco de mostaza. Y así se regirá en lugares calientes y fríos, cada lugar según le pertenece.

Hay comidas muy dañinas y la persona debe guardarse de no comerlas, que son: los peces o carne salados viejos, vino de su lagar, guisado que se descompuso y comida que tiene mal olor o sabor muy amargo, pues son para el cuerpo como un veneno mortífero.

Hay otras comidas que son también muy dañinas, pero no son como las anteriores; si come de ellas, sea muy poco y no tenga por costumbre comerlas sin control, que son: peces grandes, queso viejo, leche que ya pasó venticuatro horas sobre ella y se agrió, carne de bueyes y de cabrones grandes o viejos, habas y lentejas viejas, pan de cebada y pan sin librar, coles, prasa, cebollas, higos, mostaza y rábanos. De éstas debe comer poco, tanto en invierno como en verano; habas y lentejas no coma ni en invierno ni en verano; y calabazas, sólo en verano.

Hay alimentos que son poco dañinos pero no se debe abusar de ellos, que son: aves que se crían en el agua, palomas chicas, dátiles, pan frito con aceite que no sea de oliva, pan que amasaron con aceite y sémola que la cocieron tanto que no le quedó sabor de trigo, salmuera de peces, vinagre y vino de peces salados.

El que es sabio vence su apetito, no se somete al deseo y no come nada de lo mencionado sino es como medicina. Y al que hace esto lo llaman fuerte.

Siempre se aparte el hombre de los frutos del árbol y no coma mucho de ellos, incluso secos y, mucho menos, frescos, antes que maduren lo necesario son muy dañinos para el cuerpo. Las algarrobas y las frutas adobadas son dañinas; comerán de ellas sólo en verano, poco y en lugares calientes; higos, uvas y almendras son beneficiosos tanto frescos como secos; a pesar de todo, no coma mucho.

La miel y el vino son dañinos para los chicos y beneficiosos para los viejos, sobre todo, en invierno.

Siempre procure el hombre que sus tripas sean flojas todos los días y que no sea duro. Esta gran norma hay en la medicina: Que mientras sea apretado o salga su suciedad con dureza, le vendrán muchas enfermedades a la persona. Y con esto cura sus intestinos si es que se apretaron un poco: Si es joven, tome por la mañana malvas sancochadas y especiadas con aceite de oliva y sal; si es viejo beba miel templada con agua caliente por la mañana, pare dos horas y, después, desayune, y haga así un día, dos, tres o cuatro hasta que se aflojen sus tripas.

Otra norma para la salud del cuerpo es: Mientras que el hombre se canse, trabaje mucho y no coma mucho, hasta que se hinche su barriga, y sus tripas sean flojas, no tendrá enfermedad y su fuerza se fortalecerá aunque, a veces, coma comidas dañinas. Por el contrario, el que es vago, no trabaja, detiene sus menesteres o su naturaleza es dura, aunque coma comidas beneficiosas y se cuide según la medicina, su fuerza se debilitará y todos sus días serán dolorosos.

Un gran banquete es para el cuerpo de cualquier hombre como si fuese un veneno mortífero y es la causa principal de las enfermedades. La mayoría de las enfermedades que le vienen a la persona es por henchir su barriga o por comer comidas dañinas o por un gran banquete de comidas buenas, como dice el texto bíblico (Prov 21,23): «el que guarda su boca y su lengua guarda de angustias su alma», que quiere decir: el que guarda su boca de comidas dañinas y de hartarse, incluso de comidas buenas, y guarda su lengua, que no habla cosas sin necesidad, guarda de angustias su alma [316.15].

 

Puri Albarral

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