Noche de sefarad, por Moisés Stankowich

A orillas del Tajo, y del Duero, y del Ebro
vivíamos en paz meldando con gozo la Ley del Dio.

En aquel tiempo, Isaac, todo arcano dolor
había enmudecido y nadie podía sospechar
aquel nuevo apreto en que íbamos a caer.

Buen mázal teníamos entonces pero
como bien decían muestros abuelos,
"presto lo pedrimos".

Noche última de Sefarad había de ser
aquella en la que dejamos llorando
una patria, veneno en sus labios, rumbo a
undestino que apenas pudimos ni imaginar.

Y en casa caleja de iras, muchos
dejaron sus vidas, Isaac, para que
otros pudieran ganarlas en un incierto
futuro de libertad.

Noche última de Sefarad fue aquella en
la que fuimos de pronto escupidos por
gentes que hasta ese día mos habían
contado angustiados sus penas de amor.

Desde aquella noche, que tanto sentimos
aún en el corazón, Sefarad perdió para siempre
muestra - su - memoria. Ayer, Isaac, éramos españoles,

hoy, sefardíes, ¿mas ande está la diferencia?
Sí, en aquella última noche ...

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