LA ANTIGUA COMUNIDAD JUDIA DE LA CUIDAD DE VIDIN 2

Rocío Yóssifova Avrámova

A mi padre Yóssif Arón Avrámov Shamlí con respeto y gratitud in memoriam.

Segundo Reino de Bulgaria (1186-1396)

Tras la liberación del yugo bizantino, en 1186, los búlgaros comenzaron a recuperar sus antiguos territorios, y Bdin fue reconquistado. Pero los libertadores, Asen y Petar, cuyo mandato fue de diez años, acabaron siendo víctimas de un complot dinástico. Su hermano menor, Kaloián (1197-1207), reveló sus dotes de gobernante y diplomático, y amplió las fronteras de Bulgaria con territorios cercanos al Mar Negro y con gran parte de Macedonia. En 1204, Kaloián firmó un pacto con el Papa de Roma, para obtener el favor de los caballeros de la IVta cruzada que debían atravesar las tierras de Bulgaria. Las cruzados acabaron conquistando Constantinopla y creando un Estado Latino en la Península Balcánica, para enseguida reclamar los territorios de Bulgaria. El 14 de abril de 1205, el ejército latino fue derrotado, el Rey Balduino fue hecho prisionero, y las pretenciones de los cruzados de gobernar a los pueblos balcánicos quedaron frustradas. La gran victoria de los búlgaros tuvo un significado especial, porque libró de pogroms y de forzadas conversiones al catolicismo a los pueblos de los territorios de Tracia, que habían sido conquistados por los latinos. Ciudades y pueblos enteros se trasladaron a la provincia de Vidin y se establecieron a lo largo de la orilla de Danubio. Estos inmigrantes fueron, según el célebre historiador Vassíl Zlatarski, los principales propagadores de la herejía de los Bogomilos, que hicieron que Vidin se convirtiese en baluarte de este movimiento.

Los Bogomilos hicieron su aparición en la primera mitad del siglo X, como corriente herética que se había desviado de la Iglesia Ortodoxa aunque lo cierto es que fueron luchadores contra el orden feudal. Está herejía predicaba el dualismo, es decir la existencia de dos principios del universo, el Bien y el Mal, que se enfrentaban constantemente. Pero en el bogomilismo existían también dos actitudes contradictorias: las de «los perfectos» y la de «los creyentes». Los perfectos predicaban contra la propiedad de bienes, derramamiento de sangre y en pro de la lucha activa contra el Mal, mientras que «los creyentes», en su mayoría campesinos y capas pobres de las ciudades, intentaban recuperar sus tierras de los boyardos y utilizaban las armas contra los usurpadores. El bogomilismo tuvo un gran auge en el período de la dominación bizantina (1018-1186), cuando sus seguidores proclamaron que el representante del Mal-Satanael-vivía en la iglesia de Santa Sofía de la capital bizantina. Después de la restauración del Estado Búlgaro, los bogomilos apoyaron la política del zar Kaloián, pero al usurpar Boril (1207-1218) el trono, lucharon contra el poder. Por eso el zar Boril convocó el 11 de febrero de 1211, en la capital de Tárnovo un concilio, para juzgar a los dirigentes bogomilos y excomulgar su doctrina. Las sentencias del Concilio fueron inscritas en el Sínodo de Boril del cual hay dos copias que se conservan en la biblioteca nacional de Sofía.

Durante la primavera del año 1211, comenzó en la parte noroeste de Bulgaria una sublevación contra el zar Boril, que pidió la ayuda del rey de Hungría. En las luchas descritas en una crónica del rey húngaro Bela IV, participó activamente el conde Ivashin, quien logro recuperar la capital de Bulgaria de noroeste (Vidin) y por lo que el zar Boril le cedió los territorios occidentales de Braníchevo y Belgrado. El afán de los húngaros de ayudar al zar, se justifica no sólo por la codicia de tierras, sino también por otras razones, típicas de su condición de país feudal. Bajo el reinado del rey Andrés II (1204-1235), judíos y árabes alcanzaron puestos de gran relevancia social en Hungría. Sus consejos guiaron las reformas que permitieron imponer impuestos a las clases privilegiadas e incautar los bienes del clero. Redujeron el poder de la Iglesia y fortalecieron el del Rey, tanto en lo jurídico como en lo financiero. Esto produjo una fuerte reacción entre la clase feudal y el clero que presionaron al Rey en contr de las reformas. Está reacción se hizo notar también en Vidin, donde era muy apreciable la presencia de los bogomilos. Existía la preocupación de que está «herejía» se expandiese a Hungría, que ya tenia serios conflictos relacionados con la influencia social del judaísmo y el islamismo, derivada del hecho de que ilustres personajes hebreos y árabes tuvieron puestos importantes en el gobierno real. Bajo la presión de la Iglesia Católica (véase la carta del Papa Gregorio IX de 12 de agosto de 1233), de nuevo se prohibió a los judíos y a los árabes dirigir la hacienda, las fábricas de acuñación de moneda, o las salinas, la recaudación de impuestos. Se les negaba, en una palabra, el acceso a los puestos importantes de la administración del estado. Se les prohibía comprar esclavas cristianas, y casarse con cristianas. Estas prohibiciones se mantuvieron en vigor hasta el año 1526, cuando Hungría fue conquistada por el Imperio Otomano. El mismo comportamiento antisemita tuvieron los barones de Hungría cuando empezaron sus campañas de conquista contra Bulgaria, y especialmente contra Vidin, con lo que empujaron a los judíos hacia Bulgaria del Norte a las estribaciones del Daubio. Es muy significativo el juramento solemne hecho por el rey Bela IV, sobre el Evangelio: «Nos esforzaremos para erradicar de las tierras bajo nuestra jurisdicción y, con la ayuda de Dios de las tierras que conquistemos, la presencia de todos los herejes y de los cristianos que abandonan la fe cristiana y se entregan a los engaños de los israelíes y de los judíos bajo cualquier nombre que tengan». El juramento del Rey implicaba su subordinación total y forzosa a la Iglesia de Roma. Fue justamente la sublevación de Vidin del año 1211, anterior a la carta del Papa y al juramento del Rey húngaro el desencadenante de está política de castigo y asimilación.

Durante el reinado de Iván Asén II (1218-1241), Bulgaria llegó otra vez a tener fronteras con tres mares: El Negro, el Egeo y el Adriático, y alcanzó un desarrollo sin par. El zar Iván Asén II fue el primero entre los zares de Bulgaria que empezó a acuñar moneda. Firmó un contrato comercial con la república de Dubróvnik, que impulsó el papel de Vidin como centro comercial de los Balcanes. En el proceso de extraordinario desarrollo de Bulgaria tuvo gran importancia el hecho que el zar Iván Asén II permitiese la libre convivencia de religiones que tanto indignaba al Papa. De hecho, en una carta del Papa al Rey de Hungría se leía: Iván Asén II admite en su territorio y protege a los herejes, quienes según dicen han llegado y contagiado a todo su reino». De este ambiente de tolerancia y protección se aprovecharon los búlgaros y judíos inmigrantes que veían garantizada la estabilidad de sus comunidades en las grandes urbes. Incluso por primera vez, y según el profesor Konstantín Irechek, la importancia comercial de Tárnovo atrajo a una pequeña colonia de judíos. Los hebreos se mencionan en Tárnovo durante los reinados de los zares Todor Svetoslav (1300-1321) e Iván Alexánder (1331-1371). Parece que esta colonia no fue insignificante, porque el mismo Irechek escribe: «Iván Alexánder tomó por esposa a una judía hermosa, que fue bautizada como Teodora, y ella es presentada por algunos testimonios como una reina ungida que donaba generosamente iglesias y conventos. El último zar (Iván Shishmán) fue el hijo de la reina judía». Según Irechek estos judíos habían habitado antiguamente el Este. Quizás estuvieron emparentados con los romaniotas que se habían establecido en el país mucho antes de la venida de los judíos hispano–portugueses. Más tarde, desaparecieron y no quedaron noticias de ellos. Tras la liberación de Bulgaria del yugo otomano en 1878, se podían contemplar todavía sus tumbas bajo el baluarte de Trapézitsa en Tárnovo.

La razón de que se disolviese un matrimonio dinástico y se contrajese otro morganático entre Iván Alexánder y Sara,- Teodora-, de capa social inferior e hija de otra religión, no se puede explicar sólo como resultado de la romántica inclinación del zar, tal y como se creía hasta hace poco. En la segunda mitad del siglo XIII, y durante todo el siglo XIV, los judíos se confirmaron como un factor económico muy importante dentro de Bulgaria. Fueron artesanos, comerciantes y comisionistas de gran experiencia con los privilegiados comerciantes de Dubróvnik, para los que compraban pieles, cera y otras mercancías en los rincones más recónditos del país y a los que compraban las mercancías manufacturadas por los artesanos de Dubróvnik.

En Bulgaria, los judíos alcanzaron su máxima posición con la llegada de la zarina y con sus seguidores dinásticos. Está claro que, con este matrimonio, el zar pretendió atraer a los judíos como inversores capitalistas que otorgasen préstamos en una Bulgaria muy debilitada por las guerras. Tras la muerte del zar Tódor Svetoslav, que gobernó durante 21 años, el país estaba devastado por las incursiones de los tártaros en los territorios búlgaros. Bulgaria había perdido las tierras conquistadas a Bizancio. Serbia había conquistado parte del sudoeste de Bulgaria. Incluso antes, en 1292, el Rey serbio Milutin, había llegado a entrar en Bdin. En los tiempos de Iván Alexánder, la cultura medieval búlgara llegó a la cumbre de su esplendor, pero su decadencia política galopante llevó a la merma de su territorio y su bienestar. La fragmentación feudal terminó venciendo al principio centralista.

La provincia de Dobruja, al noreste, se separó y se convirtió en reino independiente. Y el mismo Iván Alexánder colaboró en la división de su país nombrando como copríncipe a su primogénito Iván Stratsimir, al que también otorgó poderes de gobernador de la provincia de Vidin, que tanto había sufrido las invasiones extranjeras.

Durante los siglos XIII y XIV, Bdin fue una fortaleza que también debió defenderse de las invasiones de los «kumani»; tártaros, y también varias veces de los húngaros. A finales del siglo XIII, Bdin fue la capital del independiente reino feudal del «déspota» Shishmán, y más tarde la ciudad pasó de nuevo a pertenecer al Estado Búlgaro. En 1365, el rey húngaro Ludovico I el Grande, aprovechándose de la fragmentación de los territorios búlgaros, conquistó Bdin, apresó a Iván Stratsimir y a su esposa Ana, y les encerró durante cuatro años en el castillo Jumnik de Croacia. Después el rey solicitó del Papa dos mil monjes para convertir a la población de Vidin. Llegaron sólo ocho franciscanos que en cincuenta días y con la ayuda del ejército húngaro, convirtieron a 200.000 personas, una tercera parte de la población de Bulgaria de noreste. Pero el terror y la violencia hicieron al pueblo reaccionar, le llevaron a derrotar el poder húngaro y posibilitó el regreso de Iván Stratsimir a Bdin.

En 1371, después de la muerte de zar Iván Alexánder, empezó la lucha entre sus hijos, y su resultado fue la separación de Vidin del reino de Tárnovo y la aparición en los Balcanes de un nuevo estado, totalmente independiente: el reino de Vidin. Iván Stratsimir se negó a seguir unido al Patriarcado de Tárnovo y reconoció la supremacía del Patriarcado de Bizancio. Acuño moneda de plata y cobre con su imagen, se proclamó «zar de los búlgaros», y permitió a las gentes de Dubróvnik fundar una colonia en Bdin. En los archivos de la República de Dubróvnik, hay constancia de que durante el año 1376, se enviaron regalos a Iván Stratsimir y de que el consejo de la República permitió en 1390 al comerciante Nícolo di Gotse transportar personalmente cuatro cargamentos de aceite de oliva para el zar de Bdin. Iván Stratsimir conquistó la provincia de Sofía, hecho transcendental en la historia del Estado Búlgaro, aunque en 1378, el zar de Tárnovo la reconquistó de nuevo.

Durante el largo reinado de zar Iván Alexánder , que coincidió con casi 40 años de paz, el bienestar y la tradición cultural y democrática, se fortalecieron con lo que Bulgaria se adelantó al Renacimiento europeo del siglo XIV. Mientras las ciudades de Europa sufrían todavía los síntomas del vasallaje feudal, las ciudades más desarrolladas de Bulgaria se encontraban ya bajo sistemas de poder centralizado. En Occidente, la Iglesia controlaba todavía toda la vida espiritual, mientras que los principios laicos dominantes en Bulgaria constituían un puente hacia las ideas humanísticas del Renacimiento.

Está circunstancia aportó mucho al desarrollo de las comunidades hebreas en las grandes ciudades de Bulgaria, y especialmente en Bdin, donde los judíos gozaban de plena autonomía en su autogobierno y pudieron conservar con éxito sus leyes patrimoniales. Gracias a ello las comunidades atravesaron un período de gran estabilidad. Prueba de ello es un documento histórico del reinado de Iván Stratsimir que se remonta al año 1376, cuando una oleada de judíos húngaros se establecieron en Bdin y crearon su propia comunidad. Los judíos nativos tenían costumbres muy diferentes a los de los inmigrantes, hablaban búlgaro y griego y escribían en búlgaro, aunque con letras hebreas. Para evitar malentendidos y roces con los inmigrantes un año más tarde los judíos nativos convocaron una asamblea general y aceptaron una «askamá» – (edicto referente al matrimonio, al divorcio y a otros cuestiones legales tradicionales). Dos siglos más tarde, el sabio Shelomó ha Cohén Moarsah, rabino de la Sinagoga «Castilla» de Salónica y asesor jurídico de los judíos de Bulgaria incluyó y señaló esta «askamá» como documento jurídico por excelencia en su libro Tesuvot Moarsah (Las decisiones de Moarsah), editada después de su muerte en 1730. En los citados documentos se contemplaba el castigo de quienes infringían la ley. Los que no respetaban el contrato matrimonial no podrían casarse en la comunidad de Bdin. También se exigía que cada miembro de diferente comunidad judía de Bulgaria fuese juzgado en su respectiva comunidad. Las sanciones eran severísimas. «Ningún judío debía de participar en las fiestas del infractor, lo que significaba la práctica excomunión y apartamiento de los infractores y de todos sus aliados. Nadie tenia derecho a abolir este tipo de «anatemas», si no era un tribunal de mayor instrucción y categoría y constituido por un número de jueces mayor que el que había firmado la sentencia primera».

Este documento es revelador sobre el gran número de judíos que debían vivir en aquella época en Bdin y en dos comunidades: la de los romaniotas y la de los inmigrantes. Menciona que los judíos vivían en los alrededores de Bdin, que eran hábiles comerciantes e intermediarios comisionistas así como competentes y activos productores. Las noticias que tenemos sobre los judíos en el Segundo Reino de Bulgaria son más bien escasas. A pesar de todo nos proporcionan datos sobre tres ciudades donde existían comunidades hebreas: Tárnovo, Bdin y Nicópol. En está misma cuidad existían, como en Bdin dos comunidades, una de los romaniotas y otra de judíos inmigrantes de Hungría. La convivencia pacifica entre las comunidades de búlgaros y de judíos fue un hecho perfectamente documentado. Por eso los tristes acontecimientos ocurridos en el siglo XIV constituyen una auténtica sorpresa.

En una Historia de Bulgaria publicada en dos ediciones de 1954 y 1961, (páginas 224-225) leemos que a mediados del siglo XIV, en Bulgaria empezó a desarrollarse el proselitismo de los judíos, que tenían un papel importante en la vida económica del país y ocupaban barrios en distintas ciudades, empezando por la capital de Tárnovo. La segunda esposa del zar Iván Alexánder fue también judía. Según la hagiografía de Teodosio de Tárnovo, los judíos tenían actitudes irreverentes que se traducían en la falta de respeto a los sacerdotes cristianos, en la blasfemia y en la negación del culto a los iconos y a las imágenes de Jesús y de la Virgen María. En su propaganda anticristiana, utilizaban argumentos racionales para ridiculizar el credo de la población cristiana y para demostrar su sinsentido y falta de lógica. Después se mencionan «las persecuciones de herejes y judíos», lo que sugiere que hubo diversas corrientes opuestas a la religión oficial que asustaron al poder especialmente al de la Iglesia. En el año 1350 se convocó un concilio de los bogomilos en el que el papel de acusador general recayó en la persona de Teodosio de Tárnovo un famoso «isijasta», es decir defensor de la unidad teológica entre Dios y el hombre, que consistía una abstracción de la realidad.

Las ideas de los bogomilos fueron declaradas nocivas y condenadas. Uno de los dirigentes, Lázaro, reconoció sus desviaciones, pero los otros dos, Cirilo y Esteban, permanecieron fieles a su credo y en cumplimiento de la orden del zar fueron marcados con hierro candente y expulsados del país.

Después empezaron las persecuciones contra los «adamitas», que tras la disputa con Teodosio renegaron de su doctrina. Pero al mismo tiempo el impulso experimentado por el proselitismo de los judíos y de Teodorit, el difusor de la filosofía de «Varlaam» hizo necesario convocar otro concilio en el año 1360. A él acudieron el zar, sus dos hijos y toda la élite clerical búlgara. El concilio se saldó con el anatema de la doctrina de los bogomilos y de los seguidores de Akindín y de Varlaam, así como con la condena contra tres propagadores de la fe judía a los que se acusó de blasfemia contra la fe cristiana. Su sentencia de muerte fue conmutada por el zar por la de tortura, pero dos de ellos siguieron negándose a renunciar a su fe. Entonces, según describe la hagiografía de Teodosio, una turba de cristianos enfurecidos se lanzaron contra los judíos y los apalearon hasta la muerte. La interpretación que muchos de los estudiosos de la historia de Bulgaria hacen de esta severa condena contra los herejes (bogomilos, adamitas y varlaamitas) es que se trató en realidad de una reacción evidente de la clase feudal contra los intentos de reducir su poder. Pero en lo que se refiere al acoso contra los judíos, fue una táctica de los señores feudales para fortalecer sus popias posiciones ideológicas dentro de la fe oficial y también para desviar la atención de las masas de los problemas auténticamente graves, controlar el descontento popular y canalizarlo hacia objetivos que no pusiesen en cuestión el sistema feudal. Aprovechándose hábilmente de las supersticiones religiosas y de la efectiva rivalidad comercial entre ciudades, el poder se las arregló para crear un ambiente antijudío, ofrecer a las masas chivos expiatorios y, de esta manera, preservar y fortalecer su posición. Tales fueron las claves del emergente antisemitismo que apareció en Tárnovo en la segunda mitad del siglo XIV y que encontraron reflejo en las duras decisiones aprobadas en el concilio.

La mayoría de los historiadores actuales exculpan por completo a los judíos de los problemas de su tiempo, y contradicen las acusaciones que se les hacen en la hagiografía de Teodosio y de las que motivaron la ola de antijudaísmo que sacudió Bdin.

Uno de estos historiadores es el Dr. Vasíl Kisélkov, famoso por sus estudios sobre la vida de Teodosio de Tárnovo y las hagiografías de otros grandes personajes religiosos. Con anterioridad a la edición del primer volumen de la Historia de Bulgaria, él en su obra La vida del Santo Teodosio de Tárnovo, un monumento histórico, expresó serias dudas sobre la celebración real del concilio de 1360, el cual en el caso de que se hubiese efectivamente celebrado, no habría estado impulsado, según él, por una motivación antisemita. Además el Dr. Kisélkov no aceptó que la hagiografía de Teodosio de Tárnovo fuese escrita por el patriarca Calixto de Constantinopla y pensaba que fue obra de algún otro monje, de un Seudocalixto. La hagiografía apareció un siglo después de que supuestamente se celebrasen los mencionados concilios, cuando los cronistas guardaban apenas memoria de los concilios de Boril y de Iván Alexánder. A pesar de ello tales cronistas tardíos estaban convencidos de que hubo dos concilios: uno contra los bogomilos y otro contra los judíos y los herejes. El comentario sobre el segundo concilio de Tárnovo en el año 1360, se encuentra en los capítulos XVIII, XIX, XX y XXI de la hagiografía. El Dr. Kisélkov revela que están: «Escritos de una manera muy esquemática, con el firme propósito de destacar de nuevo las virtudes de Teodosio, sin tener en cuenta la sensatez, ni la verdad histórica».

Pero, a pesar de que está confirmado que hubo otra compilación del monje Seudocalixto, dedicada también a ensalzar los méritos religiosos y patrióticos de Teodosio de Tárnovo, el Dr. Kisélkov admitió que por orden del zar Iván Alexánder y en presencia de sus hijos, Shishmán y Asén, sí se pudiera haber celebrado concilio en 1360.

«Si aceptásemos atenernos de una manera superficial a los textos» concluye el Dr. Kisélkov, podríamos decir que el concilio fue dirigido contra los hebreos predicadores del judaísmo que esperaron en vano el apoyo de la zarina Teodora, la judía conversa». Tal idea nos parece exagerada. Ni en la capital de Tárnovo, ni en el resto de la Bulgaria medieval provocaron los judíos ninguna situación peligrosa para la Iglesia Ortodoxa, ni provocaron con tal actitud la convocatoria de un concilio especial contra ellos. Lo que más lógico nos parece es que el concilio en cuestión, fuese convocado no especialmente contra los judíos, sino para discutir sobre la situación de la Iglesia búlgara y las medidas para mejorar su situación.

El historiador de la comunidad judía en Bulgaria Eli Eshkenazi, ha negado rotundamente la celebración real de tal concilio, y ha mantenido que «ningún concilio contra los judíos fue convocado durante el reinado del zar Iván Alexánder y su esposa, la reina Teodora, la judía conversa...» Todas las consideraciones y datos históricos confirman, según él, que La vida de Teodocio de Tárnovo no fue escrita por el patriarca Calixto como anunciaba el principio de la hagiografía, sino por un autor anónimo posterior. El original griego nunca ha sido localizado y la obra llegó a nosotros gracias a un manuscrito eslavo firmado por Vladislav Garmatic en 1479, que se encuentra hoy en el monasterio de Rila. «No ha habido ningún concilio en Tárnovo-subraya Eshkenazi-y el mismo autor de La Vida no sabía los nombres de los judíos condenados, mientras que sí mencionaba nombres de herejes».

A estas dudas sobre la autenticidad de La Vida de Teodocio de Tárnovo como fuente fiable sobre el concilio del año 1360, se pueden añadir otras:

1. Un concilio antijudío hubiera sido incómodo para la corte, dado que la zarina misma era judía, aunque conversa al cristianismo.
2. Después de un concilio antijudío no se hubieran permitido nuevos asentamientos de judíos inmigrantes en Bulgaria, y sabemos que llegaron muchos de Hungría y de otros sitios e incluso que la comunidad de Vidin fue reforzada en el año 1377 con una nueva llegada de inmigrantes.
3. Las decisiones antijudías del concilio no se vieron reflejadas en la vida y en las normas de la comunidad de Bdin-Vidin, ni en las de las demás comunidades de los alrededores cuya existencia confirma un documento editado 17 años más tarde de la celebración del concilio. En el documento no se reflejan noticias de malos tratos, ni de persecuciones a los judíos, carece de sentimientos antijudíos y toma decisiones de carácter conciliador relativas a cuestiones de carácter jurídico-costumbrista. Las discusiones se desarrollaron en un ambiente de total tolerancia democrática y religiosa por parte de la sociedad búlgara y el poder estatal. En caso contrario no se hubiera podido constituir la nueva comunidad de inmigrantes en Bdin, y se hubiera podido perjudicar a la antigua comunidad hebrea de Vidin.
4. Lo mismo puede decirse de las cuidad de Nikópol, el baluarte del reino de Tárnovo, donde en 1376 un suceso antisemita hizo emigrar a gran numero de judíos hacia el territorio búlgaro donde fueron acogidos por el zar Iván Stratsimir (en Bdin) y por el zar Iván Shishmán (en Nikopól y Pleven).
5. La hostilidad contra los judíos que hubieran debido seguir a las decisiones de un concilio antijudío no se hallan documentados mientras que sí lo está la buena acogida que se les dio en un período crítico para el pueblo búlgaro, cuando el país recibía oleadas de búlgaros que huían de la invasión otomana del sur de Bulgaria. En tiempos adversos los judíos de Europa Central y Occidental fueron objeto de humillaciones, persecuciones y destierros, Bulgaria se convirtió en un puerto de esperanza y en un oasis de paz para los sufridos refugiados.

En lo que se refiere a Bdin-Vidin, está cuidad no se subordinó durante tres siglos a las amenazas e influencias de los Papas, de los reyes, ni de los agresivos barones húngaros, sino que acogió a los judíos refugiados y dio facilidades para su instalación.

A mediados del siglo XIV, los otomanos empezaron una bien planificada invasión de los Balcanes. Bizancio se hallaba ya muy debilitada, y los gobernantes balcánicos no llegaban a ponerse de acuerdo entre sí. En 1364 cayó bajo el poder de los turcos la cuidad Stara Zagora, un enclave estratégico del sur de Bulgaria, desde donde los invasores amenazaban a la capital. Pero en vez de protegerla, el zar Iván Alexánder, reclutó tropas de mercenarios turcos, para resolver sus diferencias territoriales con los bizantinos relativas a las ciudades de Anjialo y Mesemvria, a la orilla del Mar Negro. En tiempos del zar Iván Shishmán (1371 – 1393), los búlgaros lucharon heroicamente contra el poder emergente del ejército turco, pero después de la perdida de gran parte de la Bulgaria del sur, el zar pidió un armisticio y se reconoció a sí mismo vasallo del Sultán. El pueblo, desde luego, se resistió a ello y la población de la actual capital Sofía resistió hasta que en el año 1382 la fortaleza cayó a traición en manos del enemigo. Con ello quedaba despejado el camino hacia Bdin y hacia las provincias de Serbia y Macedonia. Fue entonces cuando los gobernantes de los Balcanes, preocupados por la grave situación, unieron sus fuerzas militares y derrotaron al ejército turco junto a Plóchnik. Pero los otomanos pronto se recuperaron de la derrota. El sultán Murat no veía al zar búlgaro como un vasallo fiel y seguro, y por eso tomó la decisión de acabar de una vez para siempre con él y con la resistencia búlgara. Así, los turcos fueron tomando fortaleza tras fortaleza, hasta que también cayó Nikópol que había protegido personalmente el zar Iván Shishmá. Tras la victoria de los turcos en Kósovo Pole, se consumó también la invasión de Valaquia y el arrasamiento del sur de Hungría. En el año 1393, los turcos conquistaron la capital de Bulgaria, Tárnovo.

La muerte del zar Iván Shishmán, prisionero de los osmanlíes, puso fin a un período glorioso y trágico a la vez para Bulgaria. Su figura se convirtió en la encarnación del héroe nacional, y seis siglos después su imagen sigue viva en la memoria del pueblo búlgaro. En toda Bulgaria sólo quedaba libre el reino del zar Iván Stratsimir. Pero en 1378 el también se vio obligado a reconocerse vasallo del Sultán y a dejar entrar en Bdin una guarnición turca. Pero los búlgaros pronto encontraron motivos para levantarse en contra del invasor.

En 1396, el rey Segismundo III de Luxemburgo, rey de Hungría emprendió una campaña militar contra los turcos. Los primeros que aprovecharon esta circunstancia fueron los ciudadanos del Bdin. El zar Iván Stratsimir ordenó que se abriesen las puertas de la ciudad y que se entregase la guarnición turca a los cruzados. Estos siguieron su camino a lo largo de Danubio y con la ayuda de los búlgaros conquistaron la fortaleza de Oriájovo. Pero junto a Nikópol se enfrentaron al ejército encabezado por el sultán Bayaceto, y fueron derrotados. El Sultán conquistó entonces Bdin y al finalizar el año 1396 toda Bulgaria quedó sometida al poder otomano. Sobre aquel amargo acontecimiento cuenta el contemporáneo Gregori Tsamblak: « Y así encumbrado con victorias fabulosas el ismaelita Bayeceto llegó a la cuidad de Bdin y envío al zar Stratsimir atado a la cuidad de Brusa. La fortaleza se abrió para recibirle, sin temer ser apresada, creyendo en las promesas del Sultán... y el Sultán se apoderó de las riquezas del zar que eran infinitas...»

El temor a los turcos y a los incendios, pillajes y a las asimilaciones llevó a gran parte de la población de Bdin a buscar refugio en Valaquia y en los territorios de Serbia que todavía no estaban ocupados por los turcos. Así se cerró la Edad Media en la ciudad de Bdin, ciudad célebre, «grandiosa y concurrida», como fue descrita en una crónica de la época del zar Iván Stratsimir.

Rocío Yóssifova Avrámova à suivre ...

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