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La cara dexí en el campo,
me se hinchó llena de rosa.
¡Bindicha sea tu madre
que te parió tan hermosa!
Las otras tres estrofas de la canción sefardí se nos revelan, a la luz del parentesco innegable entre su segunda estrofa y la letra de alboreá andaluza, como un desarrollo paralelístico que, partiendo de las fórmulas importadas del solar español, ha acabado generando nuevas estrofas, de coherencia significativa y acabado simbólico quizá no tan feliz como el de la estrofa que parece ser la matriz de todas ellas. Así, la poco afortunada rima "ruda"/"sesuda", o la poco comprensible maldición que sustituye a la bendición en las dos últimas estrofas sefardíes, no pueden considerarse rasgos poéticos de extremo refinamiento:
La cara dexí en el campo,
me se hinchó llena de ruda.
¡Bindicha sea tu madre
que te parió tan sesuda!
La cara dexí en el campo,
me se hinchó llena de flor.
¡Maldicha sea tu madre
que te parió con amor!
La cara dexí en el campo,
me se hinchó llena de arena.
¡Maldicha sea tu madre
que te parió tan morena!
Nuestra carencia de datos y de conocimientos sobre la época, los cauces y los modos de importación de la alboreá gitana andaluza al Oriente sefardí nos impide datar con precisión la generación de estas estrofas. Su falta de paralelos españoles, y la documentación abundante de desarrollos paralelísticos similares en el repertorio judeo-español, sugiere, en cualquier caso, que el proceso puedo tener lugar, quizás en el siglo XIX o a comienzos del XX (porque de ninguna de estas canciones hay documentación antigua, ni su estilo parece ser en absoluto arcaico)5 en el solar sefardí que dio acogida a la canción. Allí debió desarrollarse, una vez más, un tipo de ampliación paralelística que -utilizando palabras de Manuel Alvar-, "se da por una clara tendencia hacia las estructuras repetitivas"6 bien atestiguada en la tradición sefardí.
Resulta sumamente interesante comprobar, por otro lado, cómo, al pasar de la tradición bajoandaluza a la sefardí de Oriente, ha sido inevitable que el poema experimentase cambios muy sustanciales no sólo en su textura formal, sino también en su configuración simbólica y funcional.
En efecto, la alboreá andaluza se hallaba impregnada de un tipo de simbolismo erótico y se entonaba en circunstancias rituales que se han modificado radicalmente en su nuevo escenario sefardí. La alusión al pañuelo tendido en el prado y súbitamente lleno de rosas
Tendí er pañuelo 'n er prao
y me se yenó de rosas.
¡Bendita sea la mare
que te parió tan jermosa!
era, en la canción andaluza, una alusión metafórica, totalmente obvia, al rito de desfloración de la novia que se practica tradicionalmente en las bodas gitanas:
Una gitana vieja y experta, la torera o matadora, en la madrugada de la boda, desflora a la novia con un pañuelo blanco, convenientemente doblado, que, al desplegarse, da las señas de la virginidad de la desposada en tres manchas
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