Rebanadas de Parida.

"La tarde està para rebanadas de pari-da…"


Panviejo cortado en rabanadas gruesas, remojado en Leche y passado por huevo batido; se frien y espolvorean con szûcar y se comen al momento, casi al pie de la sartén.
En épocas de miseria o "estrechez", no solo se suprimen los huevos sino que la leche puede reemplazarse por agua, y el aceite por grasa. Es posible que compartieran el mismo origen con las torrejas espaòolas. Dejaron de comerse ya hace aòos en Buenos Aires, pero cuando la tarde está fria o Lluviosa, algunos nostálgicos nos acordamos de ellas.
¿ De dónde viene el nombre? ... Nadie lo sabe... pero si se sabe todavía algo sobre las paridas:
Antes que se usaran los eufemismos de "DAR A LUZ" o "Tener familia", antes que los sanatorios u hospitales se ocuparan de ellas, eran las dueñas de las casas y desde sus camas, cubiertas por colchas que ellas mismas bordaban para el ajuar desde que eran niñas, se escuchaban sus pedidos y órdenes sin que nadie se atreviera a contradecirlas, protegidas por sus madres o suegras.
El poder, que ya había empezado por los famosos antojos de la "preñada", aumentaba sobre todo si era un varón el quedescansaba a su lado, atado como un matambre, y sus caprichos culminaban en alhajas que algunas veces ponían en jaque a los orgullosos maridos.
Ir a visitar a una parida era sobre todo un deber social; después vendrían los festejos del nacimiento. Si el niño estaba sano, a los siete días se hacía la circusición, o las "SIETE CANDELAS" Si era una niña.
Era común que las mujeres fueran de visitas acompañadas por sus hijos o nietos y no se quedaban mucho tiempo, para no cansar a la parturienta.
Ecuerdo que una tarde, en el cincuenta y siete o cincuenta y ocho, en mi casa grande se hacían preparativos pasra pascua y mi abuela me Llevó a ver a una parida, nuera de una amiga que vino con ella desde Esmirna en la década del viente. Se había puesto un vestido negro, el tul del sombrero me rozó la cara cuando, según su costumbre, me limió las rodillazs con un pañuelo, todavía puedo oler el fuerte a plvo de arroz, que usaba solo para salir.
Me tomó de la mano y caminamos por el barrio..recorrimos una calle donde los árboles formaban un túnel verde, las hojas se desprendían y caminamos a la par de un carro Lleno de plumeros, escobas y sillas de paja. Mi abuela se agachó nyevamente para atarme un cordón desprendido y yo sentí otra vez el olor a sy polvo, mezclado esta vez con el aroma que despedían los paraís.

La gente barría las veredas, despues sacarían las sillas para sentarse a las puertas y tomar mate, conversando sobre las novedades del día.
Una media luna surgía por attrás del campanario de la iglesia de san Bernardo. Cruzamos la calle Warnes y llegamos a una casa baja de color crema. Me alzó para que tocara el timbre. Una mujer mayor vestida de gris y con un rodete blanco nos salió a recibir. Atravesamos el zaguán, pasamos la puerta cancel y entramos a un patio de paredes descascaradas. Ante una pileta de cemento alguien lavaba ropa. Después de los saludos, mi abuela se acercó a un macetón y cortó una ramita de ruda, se reservó un pedacito para ella y puso lo demás en el bolsillo de mi pantalón.
Dijo unas palabras que no entendí bien y seguimos a la mujer de pelo blanco hasta una pieza que estaba poco iluminada, solo vi una luz difusa en un rincón y velador prendido, tapado por una tela de color rojo, o naranja...
Entonces vi una cama alta en el fondo de la habitación, desde dónde la parida, que estaba hechada casi en el centro, me senrió al acercarme. Una gran almohada blanca sostenía su espalda. Sentí primero el frio de su bata y al besarla el calor húmedo de su mejilla.
Sentí deseos de irmé cuanto antes, tragaba saliva y noté algo extraño, como que iba a empezar una ceremonia en la que no sabría que hacer. Miré al niño que descansaba con los brazos atados, al lado de su madre, solo sobresalía su cara y un mechón oscuro. Se me ocurrió que si un insecto lo atacara no podría defenderse, o que haría si le picara la nariz...
No me dejaron tocarlo, mi sentarme en la cama. Bajé la miradä esperando que terminara ese momento; la criatura empezó a Llorar y lo tomaron para calmarlo.
Dos mujeres estaban sentadas en un rincón. Una de ellas salió y al regresar trajo una bandeja con café, agua helada y dulces; la otra inició una conversación y a ratos se levantaba para estirar las sábanas o acomodar las almohadas.
Hablaron durante una media hora, sólo recuerdo algunas frases o gestos.
__Salud que tengan,--dijo mi abuela—que todo esté bien y que podamos comer confites la semana que viene.
--Gracias, señora,--contestó la parida—lástima que este chico sea tan feo y esté tan débil.
--Lindo no es, y está flaco y pálido—Pero Dios ya te mandará uno mas hermoso---
----Llora día y noche, el doctor dijo que está enfermo, no nos va a vivir mucho, no le queda comida enla barriga.
----Ahora tienen que aguantar lo que les vino, que no tome frío porque aquí está fresco – Ni el huerco va a querer llevarse esto bueno—no nos está dejando ni vivir ni dormir.
Por momentos me volvia la sensación de estar presenciando una escena que no podía entender, de algo maravilloso a lo que no tenía acceso. Me pareció que la suegra de la parida hacía gestos extraños, o que guiñaba los ojos cada vez que alisaba las sábanas o que servía café.
Mi abuela también a veces cerraba un ojo al hablar o le hechaba miradas cómplices.
El niños volvio a llorar, la madre lo levantó, se desprendio la blusa y le introdujo un pecho blancuzco en la boca.
-----Chupa sin fuerzas, parece un bilbilico—dijo—Espero que Dios no le de a Ud un nieto come éste, no lo querría ni el huerco es todo huesos, no se ve carne al desnudarlo.
Por fin salimos de la habitación. Mi abuela entregó a la mujer que nos acompañó una bolsita blanca y hablaron unas palabra ---- Esto que tengan encima y algo colorado en la cabezera de la cma, ya para la fiesta le voy a traer una mantilla bordada. – Gracias, Bojora—Dios te mucha salud—
------El hijito es un bey, se va a poner grande como un toro y que lo puesda ber hombre... y siempre que no le falte un cordón o un hijo rojo debajo de la camisita de dormir.
Al salir ya era de noche, de a ratos nos llegaban las nimada charlas de los vecinos, el verano se despedía, los gritos llamaban de vuelta a los que jugaban a la pelota en los pocos baldíos que quedaban.
Entonces por fin mi asombro se tranformó en curiosidad : ---- Por qué dijiron que el chico era feo y que se iba a morir? No entendiste—respondió mi abuela—cuando salimos le dije cosas buenas y le regalé una quemeà. --- Qué es una quemeá—pregunté apretandole la mano.---Es contra el mal de ojo—se pone mucho alcanfor y un poco de clavo de olor y se cosen adentro de una bolsita mientras, se dicen bendiciones, es para no tener horas de mal, además hay mucha gente que tiene el ojo pesado y no quiere bien a las criaturas.—Y por qué, abuela, los asustaste tanto al hablar.---Tú sos chico, no sabes todavía. El niño es gordo y colorado... pero se habla así para engañar al huerco., que puede estar dando vueltas alrededor de la cama Abri bien los ojos y me quedé parado, no quería que terminara la explicación de esa maravilla.
-----El diablo, aquí, en Buenos Aires, en persona?..En la pieza donde estábamos? ---Si, no lo nombres, a veces se sienta en la cabecera de la cama y si escucha cosas buenas del nacido se lo puede llevar con él, por eso no se puede hablar bueno delante de la perida. --- Estàs segura, lo viste alguna vez? --- Qué estás diciendo... ni lo ví ni lo quiero ver todavía. El benadan lo ve solo a la hora de la muerte, cuando viene a tomarle el alma, levantando su espada de fuego. ---- Estás segura, en casa no dicen esas cosas...--- Yo tuve cinco hijos en Turquía, solo me quedaron tu padre y el tío León.
Seguimos caminando. Me acerqué más a mi abuela. Paramos en una esquina y esperamos que pasara un tranvía, cruzamos, pronto llegaríamos a mi calle...
No podía dejar de pensar en el diablo: Sin saberlo había estado ante su presencia, seguramento me había observado con sus grandes ojos escrutadores, mientras que yo, ajenos, comía, o miraba los objetos de la pieza.
Al llegar a casa nos preguntaron cómo nos había ido, pero yo sabía que no debía compartir con nadie mi secreto. Comimos se apagaban y pedí acostarme temprano. Mientras las luces y los ruidos yo no podía dejar de pensar en la avantura vivida. Me apretujaba bajo los sábanas... había estado en serio peligro... veia al niño con sus ojos abiertos ante la posibilidad de su muerte. Agradecía a los que me cuidaron cuando era un bebé y ese mal me acechaba. Me tapaba con las cobijas; imaginaba al diablo que partía desde los lugares bíblicos, atravesaba desiertos mares y bosques, con su espada de fuego en alto, cruzaba los paises como si fueran baldosas y llegaba por fin al Rio de la Plata, solo porque se había enterado del nacimiento de una criatura. En esta parte del mundo venía a evaluar si valía la pena o no arrebatar la vida a una niño no ?????? todavía, y por lo tanto más indefenso.
Ese diablo de libro infantil se sentaba en la cabezera de la cama y escuhaba opiniones y conversaciones, sopesaba con su astucia rostros y gestos, y estaba al acecho de cualquier engaño o mentira...
Con su astucia penetraba el corazón de la gente y decidia llevarse o no a ese nuevo ser a su reino...
Me apretujaba y sentía el viento de la noche, sentía la terrible furia del diablo que entraba por Palermo, o por el Parque Centenario, y se acercaba hasta la casa donde el niño dormía tranquilo y sonriente..¿ Lo dejaría vivin hasta que llagara a viejo...hasta que que se cumpliera su hora? Mientras, ignorante del peligro que lo acechaba solo esteba protegido por el saber de su familia.

Alberto Benchuoam.

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