Le 16 août 2004
nous avons célébré le soixantième anniversaire de la déportation des Juifs de
Rhodes et de Cos; En hommage à toutes ces victimes, nous publions le témoignage
d'un rescapé de cet enfer, David Galante de Buenos Aires.
Moïse
Rahmani
Hace exactamente 60 años, junto a
mis padres Abraham y Rebecca Galante, a mis hermanos Moshe, Rosa, Juana y
Matilde, y junto a otros 1800 judíos de la comunidad de Rodas y Cos entrábamos
en el Campo de Exterminio de Auschwitz-Birkenau.
No solo entramos a un infierno que
desconocíamos, entramos a un infierno al que el mundo entero, aún después de su
destrucción, tardaría años en reconocer.
Hoy estamos acá para recordar y
homenajear a todos los Sefaradim de Grecia, Bulgaria, Yugoslavia, Turquía,
Italia y Rumania quienes perecieron en las cámaras de gas, donde no solo fueron
aniquilados nuestros hermanos sino gran parte de la cultura Judeo Española y
nuestra lengua, el djhudezmo.
Hace 60 años las comunidades judías de
Rodas y Cos entraron en Auschwitz. Meses después, solo 120 de los 1800 pudimos
salir. Los otros, forman parte de los 6.000.000 de judíos asesinados en la
shoah.
Algunos podrían pensar que durante
estos 60 años, estuvimos transmitiendo y contando lo que allí sucedió. La forma
en que vimos morir exterminados a nuestros hermanos. Tratando de explicarle al
mundo lo inexplicable. Pero no fue
así.
Los Nazis no
solo se llevaron a nuestros hermanos. También se llevaron nuestra identidad,
nuestra dignidad y nuestras ganas de vivir.
Tardamos muchos años en recuperarlas.
En volver a sentirnos personas. No queríamos revancha. Solo volver a ocupar un
lugar en este mundo. El lugar que a nuestros hermanos se les había
negado.
Y el lugar que encontramos con mi
hermano Moshe, fue éste en la comunidad Chalom junto a nuestros parientes y
amigos que salieron de Rodas antes que la locura se apoderara del
mundo.
Gracias al esfuerzo de mi hermano
mayor Hizkiá y su esposa Regina, pudimos llegar a la Argentina, asentarnos y
conseguir un trabajo.Y cuando empezaba a sentir que recuperaba mi identidad,
encontré una mujer, Raquel quien me acompaña y me sostiene desde hace ya casi 50
años. Aquí también tuve a mis hijos, Sandra y Ezequiel quienes me hicieron padre
y soy abuelo de dos hermosos ñetos, Daniel y Yamit, algo que cuando estaba en
Auschwitz no había alcanzado ni siquiera a soñar.
Pero para rehacer
mi vida, también tuve que refugiarme en el olvido. El campo de concentración
parecía quedar muy lejos y creíamos que debíamos mantener alejado el dolor si
queríamos reinsertarnos en la sociedad.
El trabajo me absorbía y yo me dejaba
absorber, por que esa era también una forma de olvidar.
Pero el
olvido, también esta ligado al temor de ser rechazado. A ser tratado por loco. Las pocas veces que
insinué lo que había vivido en el campo de concentración, las miradas que recibí
fueron más de rechazo o de temor que de compasión. Nadie quería saber lo que
allí había pasado. Nadie quería creer como murieron nuestros hermanos. Y el
temor a sentirnos otra vez rechazados fue lo que nos obligó a encerrarnos en
nosotros mismos y a refugiarnos en los afectos.
La sociedad no se
abría para entender lo que nos pasaba. Y yo no tenía con quien compartirlo.
Tanto nos afectaron las imágenes, los gritos, el dolor, el miedo, el horror, el
hambre y el temor con que tuvimos que convivir.
Tuve miedo de contarle a mis hijos lo
que me había pasado. Tenía miedo de hacerles mal. De hacerlos sufrir. De
hacerles vivir con mis palabras la experiencia más dramática que puede vivir un
hombre en su vida. Y creía que el silencio los protegía.
Pasaron
casi 50 años, hasta que el mundo empezó a hablar de nuevo. Hasta que empezaron a
preguntarnos a los sobrevivientes “¿Que pasó en Auschwitz?”. Algunos
sobre-vivientes prefirieron callar. Habían callado 50 años ¿por qué deberían
hablar ahora?.
Steven Spielberg filmó su película “La
Lista de Schindler” y creó un archivo fílmico con los testimonios de los
sobrevivientes de la Shoah.
De pronto, parecía que el mundo quería
empezar a recordar. Muchos de los sobrevivientes ya habían muerto. Mi hermano
Moshe fue uno de ellos.
Para mí, y para muchos sobrevivientes,
esta fue como una segunda liberación. Parecía que los soldados Rusos volvían a
rescatarnos de nuevo y no sólo éramos libres de los Nazis. También nos estábamos
liberando de nuestros temores. Nos sorprendía que el mundo quisiera escuchar lo
que en el fondo nunca habíamos olvidado.
En 1995, el Rabino Moti Maarabi me
invitó a dar mi primer testimonio acá en Chalom. Habían pasado 50 años y por
primera vez me animaba a hablar en público sobre lo que viví en Auschwitz. Había
gente que escuchaba por primera vez de mi boca lo que les había pasado a
nuestros hermanos. La misma gente con la que compartimos charlas, juegos y
actividades durante 50 años, estaba finalmente compartiendo el relato del
horror.
A partir de allí, nunca pasó una
semana sin que algunos de los sobrevivientes congregados en la fundación Memoria
del Holocausto, diésemos nuestro testimonio en una escuela, en un club o en una
comunidad. Bastaba que alguien quisiera escuchar lo que pasó por boca de los
testigos directos. 50 años después de Auschwitz, finalmente podíamos contar lo
que allí habíamos vivido.
Esta noche recordamos que hace 60
años, casi la totalidad de los judíos de Rodas y Cos llegaron al infierno de
Auschwitz y perecieron en los hornos construidos por los Nazis para exterminar a
nuestro pueblo. Este recuerdo, es también un homenaje a todas las comunidades
Sefaradíes que 450 años después de la expulsión de España, compartieron el
trágico destino de la judería europea.
Me parece increíble que hace
sólo unos pocos años, empezamos y empecé a liberarme del temor, del horror y del
silencio.
Hoy estoy aquí para seguir recordando
lo que nos pasó. Y seguiré recordándolo aquí, año tras año, mientras tenga voz
para contarlo a quien quiera oírlo.
Porque
nunca es tarde para recordar y siempre es bueno sentir que estamos juntos
y que no nos han vencido.
David Galante